XXII. El mito del éxodo

Robert Michels, al igual que los heréticos de la rueda, entiende que la historia es circular, pues sostiene que hay una ley de hierro, un ciclo natural en el poder, donde una oligarquía sucede a otra inexorablemente.

Con esto no quiero decir que Michels crea que al cabo de los siglos, todas las cosas recuperarán su estado anterior, sino que advierte que a lo largo de la historia se repiten las historias. Así, los humanos no solo estamos condenados a ser gobernados por oligarquías, sino también a vivir las mismas pasiones, desencantos, aventuras, traiciones…, que ya fueron vividas por otros. 

Los mitos cuentan esas historias. Historias ideales, donde personajes ideales o arquetípicos viven vidas ideales. Quien, por ejemplo, haya caído preso del amor cortesano, podrá verse reflejado en el mito de Tristán e Isolda. La persona que emprende es de alguna manera Odiseo o Perceval o Perseo. El mito te muestra simbólicamente las vicisitudes lógicas de un arquetipo.  

El mito del ciclo natural del poder de Michels nos dice que siempre una minoría organizada toma el poder e impone su voluntad a la mayoría desorganizada. Es así, no es ni bueno ni malo, es inevitable. Es inherente a la naturaleza de algunas personas anhelar el poder y, una vez obtenido, tratar de perpetuarse en él. Hay personas que tienen voluntad de poder y otras que no. Hay valientes y cobardes. Hay personas pacíficas y personas violentas. Cada uno es lo que es y actúa de acuerdo con sus valores y expectativas. Praxeológicamente, esta diversidad no es ni buena ni mala, existe, es autoevidente y está implícita en el axioma subsidiario de la diversidad de la humanidad y la naturaleza. La naturaleza humana es diversa y en la natural lucha por el poder vale todo. El fuerte cree tener derecho a usar su fuerza, como el inteligente utiliza su ingenio. Es lógico que solo las personas con voluntad de poder lo tomen y lo ejerzan. La voluntad de poder es la fuerza subyacente “axiomática” responsable de la concentración del poder en una oligarquía.

Dada la naturaleza humana, para alcanzar la paz perpetua, la discusión ideológica es necesaria pero no es suficiente, ya que no es posible que la humanidad acepte universalmente la filosofía de la libertad económica. Siempre habrá personas con voluntad de poder que crean en el dogma de Montaigne y piensen que solo a costa de los demás se puede prosperar económicamente. Para lograr la paz perpetua, las personas pacíficas tienen que organizarse de una manera tal que las personas violentas (que siempre van a existir) no puedan tomar el poder, ni agredirlos.

Mito mata a mito

La ley de hierro de las oligarquías dice que estamos condenados a ser gobernados por una minoría autoritaria. No obstante, en el ciclo natural del poder, la historia y los mitos también muestran que es posible la libertad en la esfera de las relaciones interhumanas, pero hay que buscarla en otro lado. Fue en los márgenes de los feudos, donde las masas se organizaron espontáneamente bajo un régimen de libre mercado, dando origen al capitalismo. La emigración puritana a las américas fue el último intento consciente de organizar una sociedad contractual fuera del alcance de los caprichos de un rey. La constitución americana de 1787 fue un sistema superinteligente de control y equilibrio de poderes. Sin embargo, la ley de hierro permeó el sistema y finalmente se corrompió.

Hoy, con la irrupción de Bitcoin, están dadas las condiciones para una nueva emigración pacifista libertaria. La tierra prometida es digital. En el territorio digital, donde los gobiernos no tienen jurisdicción, los mansos nos podemos organizar para constituir una sociedad contractual y desde allí defender dialécticamente las ideas de no violencia y descentralización y ejercer el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la propia felicidad. 

El Instituto Rothbard (IR) ofrece una posible forma de organización descentralizada que puede evitar y contrarrestar la agresión externa de una minoría organizada. Es de esperar que el aparato gubernamental busque limitar el desarrollo de las entidades autónomas descentralizadas mediante regulación o prohibición. Así, el IR además de fomentar todas las acciones necesarias para construir el Territorio Virtual Descentralizado (TVD), será una organización que buscará defender y difundir política y filosóficamente las ideas de no violencia y descentralización. 

En el próximo post hablaré sobre cómo evitar que una oligarquía tome el control del Instituto Rothbard.

Saludos y gracias por tu tiempo, Fernando.

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