XXI. La ley de hierro de las oligarquías

Desde Aristóteles, los sistemas de gobierno han sido clasificados en función del número de personas que ejercen el poder. La monarquía es la forma pura o perfecta de gobierno de una persona; y la forma impura o corrupta es la tiranía. La aristocracia es el buen gobierno de varios y eventualmente degenera en oligarquía. Mientras que la forma pura de gobierno de todos es la democracia y su forma impura, el populismo o demagogia.

Más adelante, los teóricos de las élites y las oligarquías: Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca y Robert Michels, cuestionaron la clasificación aristotélica observando que en todos los sistemas de gobierno siempre mandan unos pocos; y explicaron cómo, en todas las sociedades, una minoría organizada impone su voluntad a la mayoría desorganizada. La desorganización de la mayoría deja a cada uno de sus integrantes en una situación de impotencia frente a la minoría organizada. 

Según Mosca, toda agrupación humana requiere jerarquía, y esto exige que unos manden y otros obedezcan. Pareto, por su parte, considera que los individuos superiores en inteligencia, carácter, habilidad, capacidad y poder deben gobernar a los inferiores para el bien de todos. Así, tanto para Mosca como para Pareto, el gobierno de una minoría sobre una mayoría es deseable. Para Michels, en cambio, el gobierno de una minoría sobre una mayoría es inevitable, pues toda organización política siempre segrega una minoría (oligárquica) que se hace con el poder.

Michels en su obra “Los partidos políticos”, publicada en 1911, desarrolla su teoría de las élites. Partiendo de la premisa de que es inherente a la naturaleza del hombre anhelar el poder y, una vez obtenido, tratar de perpetuarse en él, Michels concluye que la democracia exige una organización (los partidos políticos) que conduce de manera necesaria a la oligarquía. Es a esto a lo que Michels considera como la ley de hierro de las oligarquías. Tarde o temprano, toda forma de gobierno degenera en una oligarquía. Todo poder sigue así un ciclo natural: procede del pueblo y termina levantándose por encima del pueblo” (Michels, 1911).

Leyes de la naturaleza

Aunque sea a regañadientes, todo el mundo ha de someterse a las inexorables leyes de la naturaleza. Nadie en su sano juicio desafía a la ley física de la gravedad arrojándose al vacío. Sin embargo, los gobernantes no piensan lo mismo de las leyes económicas o praxeológicas. Una y otra vez, tratan de violarlas para beneficio propio, en perjuicio del resto de la sociedad. 

Las leyes físicas y las praxeológicas, dice Mises, son autoimpositivas en el sentido de que no precisan, a diferencia de las leyes promulgadas por el hombre, de poder alguno que cuide su cumplimiento. Pero los efectos que el individuo provoca al incumplir unas y otras son distintos. Quien ingiere un veneno letal sólo se perjudica a sí mismo. En cambio, quien, por ejemplo, recurre al robo, desordena y perjudica a la sociedad en su conjunto. Mientras únicamente disfruta él de las ventajas inmediatas y a corto plazo de su acción, las perniciosas consecuencias sociales de la misma dañan la comunidad toda. 

La ley de hierro de las oligarquías es una ley sociológica que la praxeología aún no ha descubierto. No surge de razonamiento a priori a partir del axioma de la acción, sino que Michels la deduce a partir de la observación de que en todas las sociedades y en todos los tiempos, una minoría organizada siempre toma el poder y lo ejerce para beneficio propio. 

La ley de hierro de las oligarquías solo se cumple en organizaciones donde la dirección se elige políticamente.  En estas organizaciones, al igual que en el mundo natural, parece inexorable que el más fuerte lleve siempre la razón y el más débil no pueda más que entregarse incondicionalmente… 

En el desafío de desarrollar un nuevo orden social descentralizado, las enseñanzas de los teóricos de las élites plantean dos interrogantes. El primero es cómo las personas que deseamos vivir en ese nuevo orden social nos organizamos para evitar que una minoría pro estatal organizada nos imponga su voluntad contra nuestros deseos. El segundo es cómo evitar que una oligarquía tome el control de la organización. Temas que dejaremos para el próximo post.

Saludos y gracias por tu tiempo. Fernando.

Un comentario sobre “XXI. La ley de hierro de las oligarquías

  1. Esa Ley de Captura de Poder, NO es una ley praxeológica, pues no hace a la civilidad del ser humano, sino, a mi juicio es una ley biológica, una regla sobre una clase de competencia biológica por un dominio, en este caso para el control, explotación y sometimiento de una población. Es equivalente a la competencia por el dominio territorial, reproductivo o alimenticio que se da en ciertas especies animales como en la mayoría de los mamíferos. Este tipo de leyes, que hacen a la competencia biológica, plantean conflictos antagónicos: siempre gana el más fuerte mientras el resto se perjudica y generalmente suele ser eliminado. Mientras que una ley praxeológica nunca expresa (ni origina) conflictos antagónicos sino conflictos sobre ordenamiento y coordinación de la acción humana cooperativa. La competencia praxeológica es mutuamente beneficiosa (todos viven, todos ganan) mientras que la competencia biológica es binaria (de vida o muerte), presupone la eliminación del otro. Una ley, como la ley de hierro de las oligarquías, que presupone la eliminación, no puede ser una ley praxeológica.

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