III. Economistas lógicos vs. Economistas matemáticos

Cada época tiene su generación de economistas. Los economistas lógicos son los economistas del libre mercado. Los economistas matemáticos son los economistas del mercado intervenido.

Mises (1949), en “La acción Humana”, distingue a los economistas lógicos, de los economistas matemáticos en cuanto al método que utilizan para afrontar los problemas económicos. Los economistas lógicos utilizan el razonamiento lógico, que es apriorístico, puramente conceptual y deductivo. Los economistas matemáticos, en cambio, consideran a la economía como una ciencia empírica, como la física o la biología, y utilizan modelos matemáticos o estadísticos para  cuantificar y predecir.

La diferencia metodológica entre los grupos es objetiva e indiscutible. No obstante, en mi opinión, que es pura especulación, la raíz de la diferencia está en lo que cada grupo busca al estudiar la economía.

Los economistas matemáticos “utópicos” buscan modelar al mercado para adaptarlo a los deseos del reformador y para tal fin necesitan hacer cálculos matemáticos. Tienen que determinar, por ejemplo, cuántos recursos se asignan a educación, cuánto a salud o a seguridad, etc.. También tienen que calcular los recursos que se necesitan para sus proyectos y de dónde van a sacar esos recursos; pero fundamentalmente necesitan medir y valorar las consecuencias de la política económica para establecer si van por buen camino. No todos los economistas matemáticos son utópicos, también hay economistas matemáticos “prácticos” que buscan ganar dinero haciendo predicciones cuantitativas del impacto de la política económica sobre los precios.

Los economistas marxistas y los neoclásicos (keynesianos y monetaristas) son economistas matemáticos. Todos ellos pretenden hacer predicciones cuantitativas a partir de modelos matemáticos o estadísticos con la finalidad de administrar el monopolio gubernamental de manera eficiente. Los economistas austríacos son economistas lógicos y solo pretenden analizar las consecuencias lógicas de la acción humana.  

Los economistas marxistas quieren reemplazar al mercado por el plan, como mecanismo de asignación y distribución, y creen que es posible resolver ese problema matemáticamente. La matriz insumo-producto de Leontief es un ejemplo. Los economistas marxistas desconocen, como ya demostró Mises, que los precios son un fenómeno del proceso social de mercado; sin mercado no hay precios y sin precios no hay cálculo económico posible. Sin mercado no es posible usar las matemáticas para resolver problemas económicos. Con este simple razonamiento lógico, que no es otra cosa que sentido común, Mises demostró la imposibilidad del socialismo.

Los economistas keynesianos, más realistas, no quieren terminar con el mercado, solo desean moldearlo con políticas económicas contracíclicas, para así alcanzar la estabilidad y el pleno empleo. Para tal fin, tienen que establecer matemáticamente todas las funciones del modelo macroeconómico para luego estimar los cambios esperados en las variables agregadas ante cambios en la política económica. La tarea es colosal e inútil. Los keynesianos no aceptan, lo que explicaron los economistas austríacos, que no hay constantes en la economía, como hay en la física; y, en consecuencia, no es posible caracterizar matemáticamente ninguna función de demanda o de oferta. También los austríacos demostraron praxeológicamente que las políticas económicas expansivas son la causa del ciclo económico y por eso luego de años de política keynesiana, los ciclos continúan o empeoran.

Los economistas monetaristas o neoliberales, por otra parte, también son economistas matemáticos. Los neoliberales están a favor del libre mercado en todos los sectores productivos, menos en el mercado de la seguridad y en el financiero, donde justifican socialmente la conveniencia del monopolio legal. Rothbard (2002) advierte que la escuela de Chicago siempre bregó por un estado más eficiente y no por un menor estado. Es decir, un estado que ejerza con eficiencia su poder monopólico. Quizás por eso, uno de los economistas neoliberales más prominentes, Milton Friedman, estableció matemáticamente una tasa monetaria óptima de emisión de entre 3 y 5% anual. Luego de la advertencia de Rothbard deberíamos preguntarnos,  respecto de qué es óptima, ya que Mises demostró que cualquier tasa positiva de emisión genera mala inversión y empobrecimiento. Por lo tanto, una tasa de emisión del 3% anual no puede ser socialmente óptima. ¿Será óptima en cuanto a la maximización del beneficio del monopolio financiero?

Los economistas lógicos, en cambio, quieren comprender el fenómeno de mercado y descubrir sus leyes. Los economistas lógicos entienden que el mercado es una manifestación de la acción humana; por lo tanto, para estudiar los fenómenos de mercado hay que estudiar la acción humana y sus consecuencias lógicas. Así, para ellos, la economía es una ciencia o disciplina de la acción humana; la parte más desarrollada de la praxeología.

La praxeología no trata con objetos reales del mundo físico natural, sino con relaciones y objetos ideales creados en la mente del ser humano, al igual que la aritmética y la geometría. Así como no existe el número 100 en la naturaleza, ni la recta ideal, tampoco existe el dinero naturalmente. El dinero, como el capital, la riqueza, la ganancia, el recurso productivo y el tiempo son categorías praxeológicas de la mente humana. La noción de dinero, de recurso productivo o de tiempo solo es posible para la mente humana.

El razonamiento praxeológico, como la aritmética o la geometría, es apriorístico; es conocimiento construido en la razón y que en la experiencia sólamente se verifica. El razonamiento apriorístico -dice Mises- es estrictamente conceptual y deductivo. De ahí que no pueda producir sino tautologías y juicios analíticos. Todas sus conclusiones se deducen lógicamente de las premisas en las que realmente se hallan contenidas. Por tanto, de acuerdo con una objeción popular, no puede añadir nada a nuestro conocimiento.

Todos los teoremas geométricos se hayan ya implícitos en los correspondientes axiomas. El teorema de Pitágoras -dice Mises- presupone el triángulo rectángulo. Este teorema es una tautología, su deducción genera un juicio analítico. Sin embargo nadie afirmaría que la geometría en general y el teorema de Pitágoras en particular no aumentan nuestro conocimiento. La cognición a partir de un razonamiento puramente deductivo también es creativa y abre acceso a nuestra mente a esferas previamente prohibidas. La tarea importante del razonamiento apriorístico es, por un lado, poner de relieve todo lo que está implícito en las categorías, conceptos y premisas y, por otro, mostrarnos lo que éstos no implican. Su vocación es hacer claro y evidente lo que antes estaba oscuro y era desconocido.

El razonamiento apriorístico produce proposiciones apodícticas, necesarias y evidentemente ciertas. Que 1+1=2 o que un triángulo tiene tres lados, son verdades apodícticas, nadie puede discutirlas sin entrar en contradicción. De la misma manera el axioma de la acción, que dice “el hombre actúa”, es una verdad evidentemente cierta, pues nadie puede discutir esa proposición, sin entrar en contradicción, pues al cuestionar hace lo que está negando.

A partir del axioma de la acción, Mises construye una estructura lógica de la que se derivan leyes económicas. Esas leyes económicas son razonamiento sintético a priori. En consecuencia, no se pueden falsar empíricamente porque son verdades por sí mismas. No requieren verificación empírica. Las leyes económicas no se pueden cambiar. Sí se pueden ignorar y violar, pero hacerlo tendrá consecuencias negativas sobre el progreso y la estabilidad social. En este link puedes leer un interesante artículo sobre 10 leyes económicas fundamentales.

En un próximo post, analizaremos las implicancias prácticas del razonamiento apriorístico en el desarrollo de protocolos de descentralización.

Estoy a tu disposición para intentar responder dudas o consultas sobre este tema. También estoy dispuesto a leer tu opinión y a cambiar mis ideas por mejores ideas para la paz y el progreso.

Saludos y gracias por tu tiempo, Fernando.

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