IV. ¿Es posible la paz perpetua?

La paz perpetua es posible. Hoy es posible un mundo descentralizado, sin fronteras y sin guerras,  gracias a la tecnología desarrollada por Satoshi Nakamoto (2008)… Con estas palabras, se presenta el modelo de negocio del Proyecto Rothbard. ¿Es posible la paz perpetua?

El proyecto Rothbard tiene como misión conformar un orden institucional descentralizado; es decir, un libre mercado. Pero un libre mercado, a lo sumo, solo puede proveer paz exterior temporal. La paz perpetua es paz interna. Sobre este tema, te invito a leer unas palabras de Krishnamurti extraídas del episodio 51, del Podcast “La segunda fundación”: ¿Cómo comenzar la verdadera revolución para llegar a la paz? .

Dice Krisnamurti, “El dolor y la confusión existen siempre en el mundo. Hay siempre en él, este problema de lucha y sufrimiento. Llegamos a ser conscientes de este conflicto, de este dolor solo cuando nos afecta personalmente o cuando está a nuestro alrededor. Los problemas de la guerra han existido antes pero a la mayor parte de nosotros no nos ha interesado, porque estaban muy lejanos y no nos afectaba personal y profundamente. La guerra es solamente una manifestación externa de la confusión y de la lucha interna, de odio y antagonismo.

El problema que deberíamos discutir, que es siempre actual, es el del individuo y de su relación con los otros, que es lo que denominamos sociedad. Si podemos comprender este problema complejo, entonces tal vez estaremos en aptitud de evitar las múltiples causas que en último término conducen a las guerras. Porque la guerra es un síntoma; y ocuparnos de nuestro accionar exterior sin tener en cuenta las causas profundas de ese accionar es fútil y carece de propósito. Cambiando fundamentalmente las causas quizás podamos producir una paz que no sea destruida por las circunstancias externas.

La mayor parte de nosotros pensamos que por medio de las leyes o la simple organización o del liderato se pueden resolver los problemas de la guerra y de la paz; incluso otros problemas humanos. Como no queremos ser responsables individualmente de este torbellino interno y externo de nuestras vidas, acudimos a grupos, autoridades y acción de masas. Por medio de estos métodos externos se puede tener paz temporal, pero solamente cuando el individuo se entiende a sí mismo, y entiende sus relaciones con otros, lo cual constituye la sociedad, puede existir la paz permanente. La paz es interna y no externa. Solo puede haber paz y felicidad en el mundo, cuando el individuo, que es el mundo, se consagra definitivamente a alterar las causas que dentro de él mismo producen confusión, sufrimiento, odio y otros.

El mundo que nos rodea está en flujo constante, en constante cambio. Existe incesante sufrimiento y dolor. ¿Puede existir paz y felicidad duraderas en medio de esta mutación y conflicto independientemente de todas las circunstancias?  ¿Esta paz y esta felicidad pueden descubrirse, desentrañarse de cualesquiera circunstancias en que se encuentre el individuo?

Sepamos lo inútil de cambiar lo externo sin llevar a cabo un cambio interior. Podemos liberar al pensamiento de sus limitaciones autoimpuestas, para ello cada uno debe experimentar y vivir seriamente, conscientemente y no vivir simplemente la acción sin más. Este laborioso trabajo debe comenzar con nosotros mismos, con cada uno de nosotros; y resultaría en vano, alterar simplemente las condiciones externas sin un profundo cambio interno. Porque lo que es el individuo, es la sociedad. Lo que es su relación con otros es la estructura de la sociedad. No podemos crear una sociedad pacífica, inteligente, si el individuo es intolerante, brutal y competidor.  Si el individuo carece de moral, de afecto, de sensatez en sus relaciones con otros, tiene que inevitablemente producir conflicto, antagonismo y confusión. La sociedad es la extensión del individuo. La sociedad es la proyección de nosotros mismos. Hasta que comprendamos esto y nos entendamos nosotros mismos profundamente y modifiquemos radicalmente, el mero cambio de lo externo no creará paz en el mundo. Ni le traerá esa tranquilidad que es necesaria para las relaciones plenas.

Así, pues, no pensemos solo en alterar el medio que nos rodea, el mundo. Sepamos que necesariamente esa alteración debería tener lugar si nuestra atención completa se dirige a la transformación del individuo, la de nosotros mismos y de nuestra relación con otros. ¿Cómo podemos tener fraternidad en el mundo si somos intolerantes, si odiamos, si somos codiciosos, voraces? Si  cada uno de nosotros es llevado por una ambición que consume, si lucha por tener éxito, si busca felicidad en las cosas materiales, es seguro que tendrá que crear una sociedad caótica, cruel, insensible y destructora.

Si todos comprendemos y estamos profundamente de acuerdo en este punto, que el mundo es nosotros mismos, y que lo que somos es el mundo, entonces ya podemos pensar en cómo producir el cambio necesario en nosotros. Si no estamos de acuerdo en este punto fundamental, si no que simplemente consideremos para nuestra paz y felicidad el ambiente que nos rodea, éste asume una importancia inmensa que no tiene, porque nosotros lo hemos creado. Nos apegamos a este ambiente que nos rodea esperando encontrar en él seguridad y la continuidad de nuestra autoidentificación; y en consecuencia nos resistimos a todo cambio de pensamiento y de valores.  Pero la vida está en contínuo flujo…”

Esto es todo por hoy. Seguimos en contacto.

Saludos y gracias por tu tiempo, Fernando.

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